Archive for January, 2005

25
Jan

Grupo Sanguíneo

El otro día mi hermana volvió de clase, con una tirita en el brazo y la sonrisa de oreja a oreja.
En el centro donde estudia, habían ido varios ATS y creo que una médico a sacar sangre a los alumnos.
Ella ya me avisó de que irían, pero claro, como yo estaba en la cama con un gripazo del copon no pude ir.

El caso es que también hay un autobos una vez por semana en mi universidad para donar sangre, pero yo sólo estoy por la mañana, y siempre pasa lo mismo. O tengo prisa, o no he desayunado o hace horas y horas que desayune y voy para casa que me cuesta una hora ir, para comer, y voy desmayada. Y claro en los dos últimos casos no es nada aconsejable que me saquen sangre.
Sobre todo porque, primero, no creo que después me quisiera comer el bocata de chorizo que me dieran, aunque debiera hacerlo, por lo que igual me tendrían que llevar con pala a casa.
Y segundo, por que los ATS del mundo mundial, no suelen encontrarme la vena a la primera, por lo que prueban y prueban, y mientras lo hacen yo trato de no mirar y cuento os segundos, para que acaben y la aguja se me antoja enorme atravesándome el brazo, y claro todo esto hace que no haya tenido experiencia precisamente agradables, cuando me he hecho análisis de sangre.
Así que más que aprensiva, yo creo que tengo un trauma.

El caso es que le dieron además una carpetita de nailon muy chuli :sad: (parezco una cría, lo sé).
Pero lo que más me ***** fue que le van a mandar a casa el carné de donante con el grupo sanguíneo y todo eso.
Y es que con 21 tacos y ¡no sé que grupo sanguíneo soy!
Que pasa si un día me pasa algo, me estoy desangrando en la camilla de un hospital:

Médico: Ha perdido mucha sangre habrá que preparar una transfusión.
Enfermera: No nos queda 0 +
Médico: ¡Vaya! Entonces habrá que averiguar que grupo sanguíneo es ¡de prisa o la perdemos!
Enfermera: Doctor, doctor ¡Aún esta consciente!
Médico: ¿Que grupo sanguíneo eres? ¡Rápido, rápido ¿que grupo?!
Yo (medio moribunda pero aún consciente): mgrr no lo sé.
Médico: ¡¿Como?!
Yo (medio moribunda, pero con muchas ganas de hablar): Nunca lo he sabido, de pequeña a mi hermana le hicieron una chapita de oro en la que lo ponía, pero a mi no ¡ohhh me muero!
Médico: ¡Se nos va, se nos va!
Enfermera: Es inútil doctor se ha muerto, y sin saber si grupo sanguíneo.

Además me contó mi hermana que antes de sacarles sangre les pinchaban un poquito en el dedo, para saber si estabas sana y te podían pinchar (ha una chica le dijeron que no podían por que tenía anemia).
Seguro que me pincha a mí y:

ATS: ¡Vaya! No te vamos a poder sacar sangre.
Yo:¿Por que? ¿Que tengo?
ATS: Aquí dice que eres imbécil. Pone: –NO SABE NI SU GRUPO SANGUINEO–

En fin, bromas a parte, es algo que tengo pendiente.
Lo de donar sangre me refiero.

24
Jan

Con gripe y a lo loco

Este año he caído, irremediablemente, presa de los virus gripales :? ??:
Lo peor de todo es que este año, ha sido la peor de todas las gripes. Si bien no me ha afectado a la garganta, que es algo que siempre me pasa y que podría haber hecho del catarro, algo infinitamente más desagradable, si ha sido muy larga. He estado más de una semana, que creía yo que exageraba y a la que voy a salir a la calle para ir al médico, casi muero, me faltaba el aire hasta para andar.
Pero en fin, ahora estoy mejor, aunque no por ello disfruto de más tiempo, por que la semana que viene tengo un examen y claro como he estado chunga, ahora tengo el tiempo justito.
Así que nada, truncadas una vez más, mis intenciones de ir a ver El Aviador
A este paso cuando vaya la habrán quitado de la cartelera :sad:
Y también quería ver Closer ¡Buff! Si es que no se puede, se me amontona la faena.

12
Jan

Ante la ley

Ante la Ley hay un guardián. Hasta ese guardián llega un campesino y le ruega que le permita entrar a la Ley. Pero el guardián responde que en ese momento no le puede franquear el acceso. El hombre reflexiona y luego pregunta si es que podrá entrar más tarde.

- Es posible - dice el guardián -, pero ahora, no.

Las puertas de la Ley están abiertas, como siempre, y el guardián se ha hecho a un lado, de modo que el hombre se inclina para atisbar el interior. Cuando el guardián lo advierte, ríe y dice:

-Si tanto te atrae, intenta entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda esto: yo soy poderoso. Y yo soy sólo el último de los guardianes. De sala en sala irás encontrando guardianes cada vez más poderosos. Ni siquiera yo puedo soportar la sola vista del tercero.

El campesino no había previsto semejantes dificultades. Después de todo, la Ley debería ser accesible a todos y en todo momento, piensa. Pero cuando mira con más detenimiento al guardián, con su largo abrigo de pieles, su gran nariz puntiaguda, la larga y negra barba de tártaro, se decide a esperar hasta que él le conceda el permiso para entrar. El guardián le da un banquillo y le permite sentarse al lado de la puerta. Allí permanece el hombre días y años. Muchas veces intenta entrar e importuna al guardián con sus ruegos. El guardián le formula, con frecuencia, pequeños interrogatorios. Le pregunta acerca de su terruño y de muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y al final le repite siempre que aún no lo puede dejar entrar. El hombre, que estaba bien provisto para el viaje, invierte todo –hasta lo más valioso- en sobornar al guardián. Este acepta todo, pero siempre repite lo mismo:

-Lo acepto para que no creas que has omitido algún esfuerzo.

Durante todos esos años, el hombre observa ininterrumpidamente al guardián. Olvida a todos los demás guardianes y aquél le parece ser el único obstáculo que se opone a su acceso a la Ley. Durante los primeros años maldice su suerte en voz alta, sin reparar en nada; cuando envejece, ya sólo murmura como para sí. Se vuelve pueril, y como en esos años que ha consagrado al estudio del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de pieles, también suplica a las pulgas que lo ayuden a persuadir al guardián. Finalmente su vista se debilita y ya no sabe si en la realidad está oscureciendo a su alrededor o si lo engañan los ojos. Pero en aquellas penumbras descubre un resplandor inextinguible que emerge de las puertas de la Ley. Ya no le resta mucha vida. Antes de morir resume todas las experiencias de aquellos años en una pregunta, que nunca había formulado al guardián. Le hace una seña para que se aproxime, pues su cuerpo rígido ya no le permite incorporarse.

El guardián se ve obligado a inclinarse mucho, porque las diferencias de estatura se han acentuado señaladamente con el tiempo, en desmedro del campesino.

-¿Qué quieres saber ahora? –pregunta el guardián-. Eres insaciable.

- Todos buscan la Ley – dice el hombre -. ¿Y cómo es que en todos los años que llevo aquí, nadie más que yo ha solicitado permiso para llegar a ella?

El guardián comprende que el hombre está a punto de expirar y le grita, para que sus oídos debilitados perciban las palabras.

-Nadie más podía entrar por aquí, porque esta entrada estaba destinada a ti solamente. Ahora cerraré.

Este es un relato corto de Kafka del cual se habla también en su novela “El Proceso”, y que me llamo especialmente la atención.




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