Ahora suelo ir a una peluquería que hay cerca de mi casa a cortarme el pelo, es una de esas peluquerías, pequeñas de confianza donde clientas y peluqueras se conocen más o menos del vecindario.
Suelo ir con mi madre, nos ponemos de acuerdo y vamos las dos el mismo día.
Hoy sábado, víspera de puente, hemos entrado allí, y nos hemos sentado en las sillas de una concurrida sala de mujeres hablando, riendo, con el secador como música de ambiente.
No vivo en la capital de Valencia, sino en un pueblo a 20 minutos del centro en metro.
Por el número de habitantes bien sería una ciudad, tenemos de todo menos una Fnac.
Hasta incluso la civilización occidental llega hasta nosotros en forma de Mc Donal’s (hoy en día no se puede decir que una comunidad esta desarrollada si no pueden ir un día a comerse un Big Mac en el lugar de residencia, eso esta claro…)
En fin, creo, que si se quiere notar la diferencia entre un pueblo o barrio y el centro de una gran ciudad, lo mejor es ir a una peluquería.

No creo que en una ciudad decidas cortarte el pelo un día en uno de esos centros de estética modernos e impersonales, y la peluquera te pregunte por el estado de salud de tu abuela, sobre la hija de la mujer que tiene una panadería dos calles más a la derecha, o sobre quien de las asistentes, coincide en arreglarse el pelo para ir a la misma boda de una pareja, pero a la que les conectan vínculos distintos, familiares o de amistad.
Tampoco creo que en un moderno centro de estética, en pleno centro de Valencia, varias mujeres, de avanzada edad se levanten un sábado para poner las calles, y por el camino hagan una pausa, y decidan montar una pequeña pero concurrida asamblea en la puerta del centro de estética en cuestión, casi con una hora de antelación al horario de apertura, para “pillar turno”.
Pero claro, es que necesitan ir temprano, ser las primeras en recibir champú y tintes, por que van con el tiempo tasado, ya que después de la peluquería el resto de la mañana, tiene que….tienen que……..
Seguro que tienen que hacer algo de vital importancia, no soy quien para juzgar
La cuestión es, que esta pequeña peluquería de la que hablo, esta tan concurrida, que los vecinos se quejan, por que a las siete de la mañana ya hay en la puerta de la peluquería (que es también donde reside la peluquera), un grupo de estas adorables señoras, que con su animada charla ajena a las horas intempestivas del reloj, despiertan no sólo a los vecinos sino también a la propia peluquera y los deseos de esta de tirarles un cubo de agua bacón abajo.
Así que hoy he comido a las 4 de la tarde, que es cuando han acabado conmigo.
Al principio, para no sentir que perdía el tiempo de manera tan inútil me he llevado un libro, pero ha sido imposible concentrarme en una sola línea, aquello es una auténtica banda sonora, incluidos los gritos (si, si, gritos), de una mujer a la que le dolía la rodilla ![]()
He pensado en volver otro día, pero cualquier día iba a pasar lo mismo, y puesto que llevaba más de una hora perdida, ya me he quedado hasta las últimas consecuencias.
Se sabe cuando una entra pero no cuando va a salir, aunque llames para reservar día, un mes antes.
Al final voy a acabar pensando que el que este justo debajo de mi casa no compensa.



